Vivir en piloto automático
- Aleix Arribas

- 15 ene
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 23 ene

Confort, disconfort y el engaño de “salir de la zona cómoda”
Hay una idea muy repetida que conviene revisar con calma: “sal de tu zona de confort y todo mejorará”. Suele presentarse como una invitación atractiva, casi seductora. Nuevas experiencias, motivación, disfrute, cambio rápido. Como si bastara con atreverse un poco más para que la vida se ordene sola. El problema es que ese mensaje encierra una contradicción de base. Salir de la zona de confort no es cómodo. Por definición, implica entrar en el disconfort. Y cuando eso no se dice con claridad, se genera una expectativa irreal que acaba jugando en contra del propio cambio.
El disconfort no es un fallo del proceso. Es parte del camino.
Cuando una persona deja el sedentarismo y empieza a hacer ejercicio, no se siente mejor al minuto. Aparece cansancio, dolor muscular, pereza, incomodidad. Nadie interpreta eso como una señal de que el ejercicio “no funciona”. Se entiende que ese disconfort es la condición necesaria para ganar fuerza, resistencia y salud. Con el cambio psicológico ocurre algo muy parecido. Salir del piloto automático no implica sentirse inspirado desde el primer momento ni vivir experiencias gratificantes de forma inmediata. Implica exponerse a la incomodidad, sostener la duda, tolerar la frustración y atravesar momentos de inseguridad.
Ese disconfort no es patológico ni inútil. Es disconfort funcional. Molesta, pero tiene sentido.
El problema aparece cuando el cambio se vende como algo agradable desde el inicio. Como si bastara con “atreverse” para empezar a sentirse mejor. Ese discurso no solo es falso, es engañoso. Salir del confort no lleva a otro confort inmediato. Lleva a un terreno incómodo que, si se sostiene con criterio, puede convertirse más adelante en un nuevo equilibrio. Cuando esto no se entiende, el resultado suele ser frustración y abandono. “Si esto es salir de la zona de confort, no vale la pena”.
El problema no es la incomodidad. El problema es no saber para qué se está atravesando.
Aquí aparece una idea clave relacionada con la autoestima. La autoestima no se construye evitando todo lo que incomoda. Se construye en la capacidad de sostener molestias necesarias sin huir de ellas y sin machacarse por sentirlas. Poner un límite incomoda. Decir que no incomoda. Cambiar un hábito incomoda. Revisar una relación incomoda. Eso no significa que se esté haciendo mal. Significa que se está saliendo del automatismo. Confort y disconfort no son enemigos. No se trata de vivir permanentemente incómodo, igual que no es realista vivir siempre cómodo. El movimiento saludable es pendular: un confort que sostiene, un disconfort que amplía y, con el tiempo, un nuevo confort más ajustado.
Cuando solo hay confort aparece el estancamiento. Cuando solo hay disconfort aparece el agotamiento.
El piloto automático ofrece una sensación de seguridad, pero tiene un precio. Reduce opciones, limita la experiencia y empobrece el sentido. Salir de él no es buscar sensaciones nuevas ni hacer cambios espectaculares. Es dejar de evitar aquello que molesta pero resulta necesario. No es correr una maratón desde el sofá. Es entrenar poco a poco, aceptando el esfuerzo que eso implica.
El cambio real no es glamur. Es incómodo, gradual y profundamente humano. No promete una vida sin molestias, pero sí una vida menos automática y más propia. Y en ese matiz está toda la diferencia.




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