
Acompañar un proceso implica respetar la singularidad de cada persona y su momento vital.
Trabajo desde un enfoque integrativo y entiendo el malestar psicológico como parte de un proceso que se ajusta a cada persona y momento vital. A veces pide claridad y orden, otras profundidad, y en otras ocasiones revisar cómo estás sosteniendo tu día a día.
Acompaño a personas adultas en procesos de orientación psicológica, psicoterapia y crecimiento personal, que atraviesan una crisis vital, un malestar psicológico que se repite o una pérdida de sentido en su manera de vivir, decidir o relacionarse.
Los principios no prometen resultados; sostienen la forma en que se recorre el proceso.
El rigor implica trabajar desde la evidencia y el criterio profesional. La coherencia busca que lo trabajado en sesión pueda trasladarse a la vida cotidiana. El respeto atiende al ritmo, la historia y los límites de cada persona, sin imponer objetivos externos.
Planteo mi práctica desde el rigor, la coherencia y el respeto. Estos principios orientan y sostienen cada proceso de orientación psicológica, psicoterapia y crecimiento personal.


Un método no marca el destino;
ayuda a no perderse durante el proceso.
No se trata de fases cerradas ni de pasos que haya que completar. Comprender, elaborar y desarrollar funcionan como movimientos que ayudan a situar y clarificar lo que ocurre, integrar y dar sentido a la experiencia, y trasladar el trabajo a la vida cotidiana. Estos movimientos se activan y se entrelazan según lo que el proceso va pidiendo.
Enfoco el trabajo psicológico como un proceso que necesita estructura para no diluirse, pero también flexibilidad para adaptarse a cada persona y a cada momento vital. Comprender, elaborar y desarrollar son los tres movimientos que orientan cada proceso.
El vínculo terapéutico es una relación que permite observarte desde una mirada profesional presente y respetuosa.
Desde este encuadre, el trabajo psicológico consiste en observar cómo te relacionas contigo mismo en presencia de otro. La relación terapéutica es un vínculo particular: hablar de lo íntimo frente a alguien inicialmente desconocido permite que emerjan formas de comprenderte que no aparecen en soledad.
El conocimiento de uno mismo no se construye solo desde la introspección. Una parte esencial emerge en relación con el otro: en cómo confías, cómo te posicionas y cómo te expresas. El vínculo terapéutico es un espacio donde esas dinámicas relacionales pueden observarse con claridad y trabajarse como parte central del proceso.


Cuando el proceso tiene sentido, el cambio deja de ser una lucha.



